Es febrero. Falta poco para el Super Bowl y, aunque no seas fanático del fútbol americano, hay algo imposible de ignorar: el nivel de preparación. Análisis previos, estadísticas, simulaciones, métricas en tiempo real, decisiones basadas en miles de jugadas históricas. En la NFL no existe el “a ver qué pasa”. Cada movimiento está respaldado por datos.
Hace poco lo confirmé de la manera más absurda: sufriendo un partido mientras revisaba mi app de Fantasy Football. En la pantalla chica veía cómo mis puntos subían o bajaban en tiempo real. Cada acarreo, cada recepción, cada error impactaba directamente mis probabilidades. Todo estaba medido. Todo era visible. Y entonces volteé a ver el partido con otros ojos. En ese estadio había cientos de personas cuya única misión era registrar datos: yardas después del contacto, formaciones defensivas, tiempos de reacción, condiciones del clima, eficiencia por jugada en situaciones idénticas. Porque en la NFL saben algo muy claro: la data no garantiza ganar, pero reduce la incertidumbre al mínimo. Ellos no improvisan. Ejecutan.
El contraste incómodo: así se construye “como siempre”
Ahí fue donde la comparación dolió. Porque si llevamos esa lógica a la construcción en Latinoamérica, el contraste es brutal. En la obra seguimos viviendo en la prisa permanente del día a día. Apagando fuegos. Resolviendo el problema de las 9 am, luego el de las 12 pm, y esperando que el colado de la tarde salga bien.
Pero pocas veces nos detenemos a preguntar:
- ¿Quién está registrando las “yardas” reales de la obra?
- ¿Sabemos el rendimiento real de una cuadrilla esta semana vs. la anterior?
- ¿Tenemos el dato duro de cuántas horas-hombre se pierden por esperas, retrabajos o falta de información?
- ¿O seguimos planeando el siguiente proyecto con el clásico “yo creo que sí sale”?
La realidad es incómoda:
muchas obras siguen jugando como siempre, mientras el mundo ya juega a nivel NFL.
Confiamos en la memoria, en WhatsApp y en reportes dispersos que no construyen historia. Y si no hay registro, no hay aprendizaje.
Lo que cambia cuando dejas de improvisar
La diferencia entre jugar como siempre y jugar a nivel NFL no es el presupuesto ni el talento. Es la obsesión por documentar, medir y aprender. Cuando la obra empieza a operar con datos, pasan cosas muy concretas:
1. Ves el marcador antes de que termine el partido
Ya no te enteras de los sobrecostos al cierre del proyecto. Con información en tiempo real, detectas desviaciones cuando todavía hay margen para corregir.
2. Identificas a tus jugadores clave
La data muestra qué subcontratistas cumplen, cuáles generan más retrabajos y dónde se pierden recursos. Las decisiones dejan de ser subjetivas.
3. Tus presupuestos dejan de ser apuestas
Con históricos reales, el siguiente proyecto se planea con probabilidad, no con optimismo. Dejas de jugar a la suerte.
El último cuarto
No se trata de convertir la obra en un laboratorio de estadísticas de un día para otro. Se trata de dejar de aceptar la improvisación como normal. Empieza por lo básico: reportes diarios digitales, evidencia en campo, información centralizada y trazable. Que lo que pasa en obra quede registrado, no perdido en papeles o chats. Los mejores equipos de la NFL no ganan por intuición. Ganan porque aprenden más rápido que los demás, reconocen patrones y crean estrategias basadas en datos. Y en construcción, seguir construyendo como siempre es la forma más segura de seguir perdiendo. Es momento de empezar a jugar a otro nivel.

